Una crítica hacia el hedonismo en el estoicismo
- José Manuel Arias Córdova
- 22 jun 2018
- 8 Min. de lectura

El helenismo, históricamente definido es el periodo que va de la muerte de Alejandro (323 a. de C.) a la batalla de Accio (31 a. de C.), o a la definitiva conquista de Egipto por parte de los romanos al año siguiente Desde el punto de vista de la historia del arte, el término, entendido como definición estilística, cobra una extensión mayor en el tiempo […] el helenismo prosigue en la era romana y, durante el imperio, se extiende también a pueblos y regiones donde no había penetrado antes[1].
A partir del periodo post antiguo surge esta corriente a partir de la expansión de la cultura griega con los romanos que la llevaron a todo su imperio. Dentro de esta expansión cultural surgen las tres grandes corrientes éticas conocidas como las grandes corrientes éticas del helenismo, estas son el cinismo, el epicureísmo y el estoicismo.
En el estoicismo como en las otras corrientes éticas – filosóficas helenísticas, el hedonismo o la búsqueda de la felicidad es un tema central dentro de las cosmovisiones de los griegos. El hombre como un ser finito debe tener un propósito final hacia el cual debe llegar en último término, pero, cómo saber cuál es ese punto final al que se llega, es la pregunta que debemos responder.
El estoicismo señala que el objetivo de la vida es alcanzar la felicidad, pero viviendo según la naturaleza.[2]
Esta corriente nace hacia el siglo IV a. C. Su fundador fue un joven de raza semita, Zenón de Citio en el 333 – 332 a. C. de igual modo que Epicuro, Zenón renegaba de la metafísica y de toda forma de trascendencia, concebía la filosofía como un arte de vivir. Zenón no era ciudadano ateniense y, por ello, no poseía el derecho de comprar un edificio. En consecuencia, profesaba sus enseñanzas en un pórtico stoa, en griego, como se llamará después su escuela. Allí se admitía la discusión crítica acerca de los dogmas del fundador de la escuela, la cual permitió notables innovaciones y evolucionó de manera muy considerable[3].
De aquí surge un pensamiento que será rechazado por muchos por la radicalidad que conlleva en cuanto a las acciones éticas de los hombres. Parte de este rechazo se debe al enfrentamiento entre las posturas en torno al determinismo, del problema del suicidio, etc., como críticas negativas a esta corriente.
Sin embargo, a pesar de que tiene muchas negativas, el estoicismo, acepta que el hombre debe vivir conformándose a sí mismo a través de la felicidad como su fin último, pero siempre determinado por las leyes de la naturaleza; es aquí donde entran varios conceptos entrelazados uno a otro, a saber: la felicidad, la virtud, las leyes de la naturaleza y el deber, ya que cada una no se puede llevar a cabo sin la otra.
“De acuerdo con el testimonio de Estobeo, Crisipo y sus seguidores sostenían que la felicidad (eudaimonía) es una meta o blanco (skopós), en tanto que alcanzar la felicidad es el fin. “Alcanzar la felicidad” es en realidad, lo mismo que “ser feliz”. Solo ser feliz es para los estoicos el fin; al sostener que sólo la virtud o excelencia es el único componente del ser feliz, rechazaron la posición aristotélica según la cual algunos bienes externos son necesarios para ser feliz o para el logro efectivo de la felicidad”[4].
El problema que surge en esta concepción de felicidad es que como mencionábamos anteriormente, contradice la postura de Aristóteles, en el sentido de que no hay una serie de virtudes y vicios, sino solo la virtud es necesaria para que el hombre alcance la felicidad, dejando de lado los bienes materiales y los afectos externos de los otros hombres, por esto el hombre que solamente es virtuoso vive conforme a las leyes de la naturaleza y por lo tanto el hombre se encuentra encaminado a las leyes naturales que lo satisfacen en ciertas cosas, es decir, el determinismo lo cual es contradictorio al hombre.
Como se mencionó anteriormente, los conceptos para entender este hedonismo de los estoicos es necesario identificar los siguientes conceptos: felicidad, virtud, ley natural y deber, los cuales se definen a continuación:
· Felicidad: la felicidad consiste en la posesión del bien, cualquiera que este sea. La felicidad no tiene sentido sin los bienes que hacen felices. La felicidad es un bien perfecto de naturaleza intelectual. No es solamente un estado del alma, sino algo que el alma recibe desde fuera, pues de lo contrario la felicidad no estaría a un bien verdadero[5].
· Virtud: significa propiamente fuerza, poder, eficacia. La virtud es respecto a una cosa lo que completa la buena disposición de la misma, lo que la perfecciona; en otros términos, la virtud de una cosa es, propiamente hablando, su bien, pero no un bien general y supremo, sino el bien propio e intransferible.[6]
· Ley natural: por ley se entiende una norma, o un conjunto de normas obligatorias. La obligación puede ser jurídica o moral o las dos al mismo tiempo. La ley natural no puede ser violada. La ley natural se expresa en un lenguaje indicativo. Es la que rige el reino de las causas, es la expresión de las relaciones constantes observadas en los fenómenos de la naturaleza, las llamadas regularidades naturales.[7]
· Deber: el deber expresa la forzosidad; lo que debe ser es lo que no puede ser de otra manera. Pero este “no poder ser” no significa una necesidad de tipo natural o de tipo lógico – ideal, sino más bien la necesidad derivada de la obligatoriedad, dada de alguna forma a través de un mandato.[8]
Los estoicos desarrollan de igual modo que los epicúreos una ética respecto de la felicidad como el fin del hombre, sin embargo, para alcanzar tal felicidad es necesario una armonía entre la naturaleza y el hombre como la forma de la manifestación del logos. Esta armonía media hacia la virtud evitando totalmente los vicios, los cuales son medios irracionales del hombre que evidentemente no llevan en nada a la felicidad. Pero es necesario además de lo mencionado anteriormente el deber como una acción justificada racionalmente y que apoya hacia la felicidad pero que no es en sí lo que lleva a la felicidad sino la virtud. Sin embargo, los hombres que no tienen deber, dicen los estoicos, que no merecen la vida y que por lo tanto merecen morir, es decir, si no poseen la felicidad o no la alcanzaron, ellos mismos deben quitarse la vida.
Evidentemente el estoicismo entrelaza una armonía entre la naturaleza y la felicidad en el sentido de que el hombre por medio de la naturaleza alcanza como su fin la felicidad y de este modo se va atravesando un camino de virtudes para llegar al fin evitando siempre los vicios.
El hedonismo en el estoicismo sugiere que para alcanzar la felicidad el hombre debe adecuarse a la naturaleza, es decir, la naturaleza es el medio eficiente o la herramienta con la que el hombre interactúa, con ella participa y se sirve para poder alcanzar la felicidad, por ejemplo, las necesidades básicas del hombre se satisfacen con los medios que la naturaleza brinda para que el hombre se plenifique a partir de ellos.
Sin embargo, esta determinación que el hombre tiene hacia la naturaleza le roba espacio a la libertad del hombre, según el estoicismo el hombre ya está determinado de acuerdo a la naturaleza, rayando así en el determinismo que ausenta la libertad del hombre, por lo tanto, el hombre ya está determinado, a partir de la naturaleza hacia un fin, el cual puede ser bueno y le lleve consecuentemente a la felicidad, o por el contrario un fin malo que lo aparte de la felicidad.
Otra crítica que debe hacerse al estoicismo es que el hombre tiene un sentido de finalidad que es la felicidad, sin embargo, se dice que si el hombre no tiene un sentido de finalidad lo mejor sería que ese hombre no viviera; considerando que el hombre tiene una finalidad en su vida no se puede hablar de una privación de su vida ya que resulta contradictoria. La felicidad se alcanza por la virtud a través del hábito, sin embargo, la virtud tiene condición de bien en tanto que proporciona beneficio a la vida del hombre, privarla sería la misma irracionalidad del vicio y por lo tanto no culminaría el fin último del hombre ya que los mismos acontecimientos que determinaran la privación serían por la misma infelicidad.
En síntesis, el hombre es un ser libre que puede decidir cómo llegar a la felicidad, pero la naturaleza es un requerimiento para que el hombre alcance la felicidad, entonces ¿cómo es que el hombre puede llegar a la felicidad si necesariamente necesita a la felicidad? En todo caso no sería una felicidad plena, sino limitada a la condición material del hombre, lo cual caería más bien en el concepto de pasión; sin embargo, si por el contrario, el hombre se libera de las simples ataduras de lo material enfocándose de igual modo en el ejercicio de la virtud y la libertad del hombre, el hombre puede alcanzar una felicidad que perdure, por lo tanto el concepto de felicidad de los estoicos está limitado por la naturaleza y no es una libertad plena y consecuentemente tampoco una felicidad plena.
Mi crítica se torna negativa defendiendo que el hombre no está determinado y que además se debe preservar la vida, incluso sin un deber que le determine para llegar a la felicidad, puesto que en un sentido aplicativo el deber no es únicamente la justificación racional de las acciones sino que además es una aplicación activa de bien por el cual el hombre tiende hacia su finalidad y, además, las acciones de los hombres no son irracionales, ya que a pesar de que el hombre es considerado en esta etapa de la filosofía un animal racional, su concupiscencia no está dictaminada irracionalmente como en el caso de los animales, sino que, teniendo un sentido de bien, determina racionalmente los placeres a través de la virtud para poder alcanzar la felicidad armonizando continuamente con la naturaleza.
Conclusiones.
Séneca en su libro “sobre la felicidad” dice que la felicidad se produce cuando se pone todo el peso de nuestra existencia en nosotros mismos y se quita el peso del mundo. Pero, además resalta que habrá que seguir las leyes naturales que rigen la realidad. Por un lado, es necesario basar nuestra existencia en nosotros mismos, y por otro, basar eso que somos en las leyes naturales, según nuestra condición[9].
El hedonismo en los estoicos raya en un determinismo respecto de las leyes de la naturaleza, sin embargo, el hombre puede salir del encierro de este determinismo enfocándose en la virtud y en la libertad misma del hombre.
Mi actualización es que el hombre, es cierto que debe vivir conforme a la naturaleza, pero esto no quiere decir que como tal el hombre este determinado por un deber que le lleve a la felicidad, sin embargo, el hombre debe adecuarse a las leyes de la naturaleza para poder alcanzar la felicidad ya que la naturaleza en sí misma es medio natural para que el hombre alcance la felicidad, empero, no es la totalidad del alcance de la felicidad del hombre. Es importante notar que el hombre tiene derecho y deber de tener y alcanzar la felicidad, pero no únicamente por la naturaleza, sino que el hombre tiene una condición espiritual que le puede plenificar la felicidad desde otro punto de vista.
Considero que la felicidad es un punto muy importante en el hombre pues, es evidente que el hombre tiene como fin la felicidad, el hedonismo. Pero es necesario que el hombre también tenga una mediación como la que proponía Aristóteles entre el la virtud y el vicio, y también algo muy importante es que el hombre con su finalidad que es la felicidad debe de preservar su vida, y en este sentido el hombre no debe privarse de la vida porque tiene implícito en sí la finalidad de su vida, esta finalidad debe ser el hedonismo.
Bibliografía.
ABBAGNANO, Nicola. Diccionario de filosofía (trad. de Alfredo N. Galletti). México. Fce. 1982.
-------------------, Nicola. Historia de la filosofía. Vol, I. Ed, Hora. Barcelona. 1994.
BANDINELLI, R. Bianchi. Del helenismo a la edad Media. Ediciones AKAL. España. 1987.
DARAKI, María, Romeyer – Dherbey, Gilbert. El mundo helenístico: cínicos estoicos y epicúreos. Ed AKAL. 1996.
FERRATER MORA, José. Diccionario de filosofía. Sudamericana. 1975.
Psicología en la red. Aprendiendo a vivir con los estoicos. Psicología en la red. 31 de enero de 2011. Disponible en: http://www.psicologiaenlared.com/aprendiendo-a-vivir-con-los-estoicos/
REALE, Giovanni; ANTISERI, Darío. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y edad media. Herder. Barcelona. 1988.
[1] BANDINELLI, R. Bianchi. Del helenismo a la edad Media. Ediciones AKAL. España. 1987. P, 33.
[2] REALE, Giovanni; ANTISERI, Darío. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y edad media. Herder. Barcelona. 1988. P, 233.
[3] Ibídem, p, 225.
[4] DARAKI, María, Romeyer – Dherbey, Gilbert. El mundo helenístico: cínicos estoicos y epicúreos. Ed AKAL. 1996. P, 99.
[5] FERRATER MORA, José. Diccionario de filosofía. Sudamericana. 1975. P, 641.
[6] Ibídem, p, 911.
[7] Ibídem, p, 47.
[8] Ibídem, p, 404.
[9] Psicología en la red. Aprendiendo a vivir con los estoicos. Psicología en la red. 31 de enero de 2011. Consultado el 04 de diciembre de 2016. Disponible en: http://www.psicologiaenlared.com/aprendiendo-a-vivir-con-los-estoicos/
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